La situación hídrica que afecta al sistema eléctrico interconectado nacional está poniendo a prueba la resiliencia de Guayas. Según los datos más recientes difundidos por Celec Sur, el nivel del embalse Mazar ha descendido 9,26 metros desde el 1 de agosto. Esta caída drástica en las reservas de agua no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia preocupante que compromete la capacidad de generación hidroeléctrica y, por ende, la estabilidad del suministro eléctrico para la provincia.
El factor agravante radica en la reducción del caudal que recibe el embalse. La entidad operadora señala que la entrada de agua se ha reducido a la mitad en comparación con los niveles registrados en julio. En un contexto donde Guayas depende críticamente de este recurso para su desarrollo industrial y residencial, la menor capacidad de llenado del Mazar eleva directamente la probabilidad de racionamientos o apagones durante las horas pico de demanda.
Para el sector productivo y los hogares guayaquileños, estos indicadores técnicos representan un riesgo operativo tangible. La disminución sostenida de los niveles hídricos exige una gestión eficiente de la energía y refuerza la necesidad de diversificar la matriz energética provincial. Ante este escenario, las autoridades locales y nacionales deberán priorizar medidas que salvaguarden la continuidad del servicio eléctrico, vital para la economía del segundo centro urbano más importante del país.